
Esta semana aunque algún truan haya pensado que me he descuidado de mis aficiones posiblemente por el peso de mi conciencia, no he completado ninguna nueva entrega de este miserable cuento por falta de tiempo y no por falta de ideas.
Un viaje al Mediterraneo me ha hecho recordar, como casi siempre que salgo del hogar, las cosas maravillosas que me hacen la vida más bella, que tapan mis sombras y que ahogan mis lágrimas. Como la brisa fresca del mar el amor de los mios se estampa con su humedad en mi cara, sus caricias me arropan en las noches y su deliciosa calidez me llena como una lumbre infinita.
La ciudad condal se esta convirtiendo en un lugar casi desconocido para todos los que hemos vivido y viven allí, es el alto precio que paga una gran ciudad por esta mierda de la puta globalización, que ha un grupillo de Milán, o Bremen, o de Manchester le salga más barato irse de juerga un fin de semana a Barna que en su propia ciudad, esta haciendo que la ciudad pase a ser el meadero, de media Europa, veamos y aprendamos de lo que vemos, cuidado con los vuelos baratos que al final pueden salir muy caros y cagados...
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